Tras un copioso desayuno (amenizado por un enjambre de avispas) salimos a dar
un primer paseo por la ciudad. Nuestro hotel está justo al lado de Labi-Hauz,
una plaza con un estanque artificial de 1650, rodeado por dos madrassas con azulejos
y moreras más viejas que los propios edificios. Es justo el límite del barrio judío
(desde quizás el siglo XII, ha habido una pequeña comunidad judía en Bujara).
Es el punto de encuentro de la gente de la ciudad, niños, vendedores callejeros,
abuelitos bebiendo té y hombres jugando al ajedrez ... el sitio donde ir a pasar el rato.
La ciudad vieja de Bujara es, como la de Khiva, Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO
y tiene unos 140 edificios protegidos, entre minaretes, mezquitas, madrassas, mausoleos...
Nos acercamos hasta el Ark, la ciudadela donde vivía el emir de Bujara.