Mi viaje (8)

    centro américa   pRinCipAL

  • Cuando partí desde Ciudad de Guatemala, iba con una extraña sensación en mi corazón. Por un lado, tenía pena de dejar a Dani y Vinci, porque los quiero y los llevo aquí adentro. Disfrutaba mucho las conversaciones con ambos, a veces en un bar, otras en la casa, conociendo paisajes y personas increíbles. Era inevitable entonces, no recordar en el alma las imágenes de esos momentos; los rostros de mucha gente. Pero a la vez, me alegraba la idea de continuar mi viaje, con nuevos compañeros…una nueva familia.


  • En el bus rumbo a El Salvador, recordaba Guatemala y me reía solo, y aunque el resto de los pasajeros me miraba con cara de que estaba loco, como siempre, a mí no me importaba. Sentía que lo mejor de ese país había sido compartir con personas de alejadas comunidades. Me encantaba su simpleza, su generosidad y agradecía la oportunidad de conocer directamente los problemas que viven. Me parece todavía escuchar las carcajadas que sacaban las locuras de Dani y el resto de los payasos, cuando daban espectáculos para educar sobre la prevención del Sida. Aprendí, por cierto, cómo debo cuidarme y cuidar a los otros, para que esa enfermedad no siga extendiéndose.


  • Acercándonos a la frontera de Las Chinamas, me invadió un sentimiento, algo así como un chispazo interior, que me hizo entender mucho de lo vivido en el último tiempo. Descubrí que el arte y el humor, son geniales formas de ayudar. Fue así como decidí hacerme actor


  • Al llegar a San Salvador, la capital, le dije a Palacete, mi amigo titiritero, que me encantaría actuar junto a Antonio “El Buitre”, Toñito y Rony, mis otros compañeros de ruta. Él respondió con un “¡por supuesto!!!”, pero me recalcó que debería ensayar mucho y trabajar casi siempre de noche. Entonces, “estamos listos” le aseguré…total lo que no sepa, lo aprendo.

    Tomando mate en San Salvador

    Voy a participar en el show con Antonio


  • Pronto encontramos un lugar donde vivir y preparar los espectáculos. Era un sitio raro pero mágico: un cuarto en la azotea de un edificio, cerca de la Universidad Nacional. Ahí conocí primero a Freddy, Margarita y Jason. Luego, a muchos otros amigos, como un chavo que llaman Guko, que pinta murales. Ese loco, una vez me propuso ser modelo de una de sus obras, pero eso de posar desnudo me da frío.


  • Así pasaron los días, ensayando, comiendo pupusas y tomando jugos; hasta que por fin llegó el día del debut. Lo habíamos preparado bien, pero igual estaba nervioso. Fue un martes. Como a las siete de la tarde partimos rumbo a La Luna Casa y Arte, un espacio cultural que también es restaurante y bar. Tenía cosquillas en la panza, pero mis compañeros me dijeron que eso era normal y que estaba bien, porque así estaría más concentrado. Mi papel era de yo mismo, o sea de Aki. Debía dialogar con Antonio, que es cantaor y bailaor de flamenco, y que llora por su ex amada, Dolores. Lo hicimos bien, y de a poco la tensión se transformó en un disfrute. Solté mi cuerpo y las palabras salían con gracia. Al final, cuando finalizó el show, me recompensaron con un gran aplauso, mientras hacía respetuosas reverencias de agradecimiento al público.


    Cartel de nuestra actuacion

    Con San Simón, muy venerado en centroamérica y patrono de los bohemios


  • Después, acompañados de unas cervezas, conversábamos acerca de la presentación con San Simón, un tipo muy simpático y de mucha experiencia. Un borracho que es sagrado para mucha gente en esta parte del universo. Siempre le ponen su vaso con alcohol y un saludo, para que los ayude… creo que esa noche tomaba whisky.

  • Los espectáculos continuaron en muchos lugares de San Salvador. Pero a mí el que más me emocionó, fue el que hicimos en la Cárcel de Quetzaltepeque, para el día del padre. En ese penal, hecho para 250 presos, están detenidos 820, así que se imaginarán la crudeza infrahumana que viven. Muchos de ellos son integrantes de la llamada Mara Salvatrucha, uno de los dos grupos de pandilleros que atemoriza a los países centroamericanos. Se tatúan el cuerpo como señal jerarquía, es decir, que el que más tiene es el más cabrón. Nunca había visto personas tatuadas en la cara y me impresionó. Lo más fascinante, fue ver a algunos de esos hombres, que harían temblar a much@s, compartiendo un improvisado camarín conmigo. Cuatro de ellos estaban maquillándose, porque tenían un grupo de payasos, que siempre participa en este tipo de actos. Nos hicimos bien amigos, pero no pude regresar a verlos

    Los payasos preparando el espectáculo

    Amigos payasos en cárcel Quetzaltepeque

    Amigos mareros viendo nuestro show

    Cárcel Quetzaltepeque San Salvador


  • También en San Salvador conocí a un luminoso personaje, el Mago Barú, un anciano que en sus tiempos de juventud deleitó al público estadounidense con sus trucos. Ahora hace malabares, pese a su edad, frente a la universidad…y lo más loco es que es demasiado generoso, puesto que le regala dinero a la gente, pese a que él tiene poco.

    Y hablando de gente buena, un día fuimos a visitar la tumba del Monseñor Oscar Arnulfo Romero. Romero, quien fuera arzobispo de San Salvador y conocido como el arzobispo de los pobres, fue un importante luchador contra la represión ejercida a fines de los años 70 contra el pueblo salvadoreño. Valiente acción que le costó la vida, pues fue asesinado por un francotirador mientras oficiaba misa, a tarde del lunes 24 de marzo de 1980.

    Con mi amigo el Mago Barú, me enseño buenos trucos...

    Observando la tumba de Monseñor Oscar Arnulfo Romero


  • Nuestros viajes y espectáculos continuaron luego en Tegucigalpa, Honduras, donde fuimos incluso a un programa de TV; varias partes de Nicaragua; Puerto Viejo en Costa Rica y la maravillosa zona de Bocas del Toro, en pleno caribe panameño. En este último lugar, actuamos también en la cárcel con Palacete y Antonio…

    bueno, me tengo que ir, así que otro día les cuento más...

    Con Antonio y mis amigos de la Cárcel de Bocas del Toro en Panamá

    Bocas del Toro


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